miércoles, 8 de enero de 2014

Desde niños nos preguntan qué queremos ser de grandes

Antes quiero decir que este post ha cambiado de rumbo, ahora es mucho más "cerebral" y ya no tan wevero. Uso este mismo blog, a pesar del cambio de temática, porque sigo siendo yo y, no lo puedo negar, porque ya es un poco conocido y esto facilita la llegada a más gente. Hablando con sinceridad.
Acá les dejo el post de hoy... reflexionando ando. Saludos!

Desde niños nos preguntan qué queremos ser de grandes… los “grandes” que al final son niños jugando al juego de la adultez, sumergidos en un sistema que fingen entender… con esas preguntas sólo logran que los niños empiecen a preocuparse por algo que aún no les toca (al igual que hicieron con ellos y así sucesivamente, si miramos hacia el pasado). De esta manera lo único que se logra es tener niños rebeldes por no entender lo que sucede o sumisos por el miedo a lo desconocido (infundado por nosotros mismos al plantearles tan temible pregunta) es lo que se apodera de parte de sus pensamientos y por lo tanto en su forma de vivir. Y si esto fuese poco, no se da opción a cambiar, a mutar, a descubrir cosas nuevas dentro de las cosas que ya conocen para que tengan la oportunidad de decidir si están de acuerdo o no.

Cómo se pretende que un niño de 10 años responda lo que va a ser/hacer a los 20 años… ¡Es la cantidad de años que dobla su tiempo de vida!

Ahora nos toca a nosotros cambiar las cosas, voltear la tortilla y dejar a los niños seguir su camino, su intuición, sus instintos y que de esta manera lleguen a eso que los hace felices, no lo que los hará felices en un futuro, sino que los hace felices aquí y ahora; debemos aprender a confiar en que las cosas se van a dar de la única manera en que tienen que darse y a respetar el destino ajeno, por más que sean nuestros hijos, sobrinos, nietos…. Es su vida, nosotros sólo los estamos protegiendo y guiando.
Repetir esa historia sería mantener a la humanidad dando vueltas alrededor del mismo clavo, sin llegar a ningún sitio, sin descubrir que la manera de llegar a esa felicidad tan anhelada es nada más y nada menos que la simpleza; eso les y nos permite estar presentes en el momento presente, concentrados en lo que se está haciendo y manteniendo en mente la meta por la que se está trabajando. Teniendo el pasado y el futuro como referencias, no como limitaciones.

Y no sólo lo digo yo y algunos otros “locos”… lo dicen los mismos niños y están siendo escuchados; aquí, la prueba http://bit.ly/1fcjuM8

Un profesor alguna vez nos dijo algo que me pareció muy lógico y me gustaría poder aplicarlo a todo lo posible; dio este ejemplo, un niño es malo en matemáticas y bueno en lenguaje, ¿qué sucede normalmente? Que los papás busquen la manera de fortalecer esa debilidad del niño hacia las matemáticas y dejen de lado el lenguaje porque en eso le va bien. Esto parece lógico, pero ¿es correcto? ¿Es la mejor manera de fortalecer a ese niño como persona y contribuir al grado de seguridad que tenga sobre sí mismo? ¿O es sólo la intención de que pase de año?

Nuestro profesor concluyó con esta idea: que se haga lo opuesto, que se preste más atención a sus fortalezas; es decir, incitarlo a leer, a estudiar más sobre lengua y tan sólo ayudarlo a pasar el curso de matemáticas, desde ya se ve que es algo que no le interesa y que puede tener un muy buen futuro si hace lo que realmente le gusta y puede disfrutar más si es algo que puede hacer con facilidad.


En la manera común, que sería el principio del ejemplo, de cierta forma se anulan sus dones, dependería de él y de su fuerza de voluntad, caer en la cuenta de que ese puede ser su camino. Y en la segunda propuesta, creo que los resultados son obvios.